Pastor III


HABLO CON AMANCIO
De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;
de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles;
de los pinares inmóviles y de los fresnos temblorosos
surge la musculatura encendida en las cifras inversas que se desprenden de la serenidad y del dolor;
surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;
surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo.
Surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;
surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;
surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;
surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.
Tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;
sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,
amas la luz de los cuchillos en las arterias vegetales,
creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra y
llevas la vida al interior de la muerte.
Finalmente, conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,
la madera es sagrada.
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