ENTREVISTA I / El escultor que escucha la piedra

con fotografías de Roberto Gómez,
se publicó el pasado mes de Julio en el diario digital Peatóm.
en este enlace: Homenaje a la memoria, que no al olvido)
"El arte no se hace porque uno pretenda hacer arte. La diferencia entre la obra de arte y la que no lo es, una obra más o menos artesana, por ejemplo… es que el arte es capaz de generar magia siempre, es capaz de generar preguntas siempre. Y la artesanía muere en el momento, por mucho que se intente no llega. El que era artista hace mil años, hoy lo reconocemos como un gran artista. Y el que no lo era, aunque hiciese el mismo trabajo, pues no…".
"Lo ves en las catedrales. Hay esculturas que no dicen nada, y hay piezas maestras. Y ninguno de los dos autores firmó sus obras, porque a ninguno se le reconocía ningún mérito, más que el meramente artesanal. Sin embargo, unas piezas destacan sobre otras no porque estén mejor ejecutadas, sino porque quienes las hicieron eran verdaderos artistas, capaces de transmitir su magia y sus preguntas".
Para Amancio González, el escultor leonés de Villahibiera, "un artista es un enfermo". La frase suena un poco fuerte, y él la argumenta con pasión. "Es una persona a la que de alguna forma le falla la cabeza y puede ser capaz de interpretar las cosas de otra manera, de llegar a donde otros no han llegado. No creo que todo el mundo sea un artista. Sí creo que hay muchas personas que no saben que lo son, mientras que hay otras que creen que lo son y no lo son. ¿Todo el mundo puede ser torero, o músico, o cocinero? Igual no. No todos somos iguales".
A su juicio, lo difícil es reconocer el arte del momento. "Es más fácil reconocer el arte antiguo, el arte que se hizo hace cien años. Una generación recoge del pasado sólo lo que le interesa, y se aprovecha y se inspira en esa obra para crecer y desarrollar la suya, y a su vez, arrastrar a otra generación nueva. Todo lo demás, la paja, el ‘arte bonito’… eso al final no le interesa a nadie. Sobrevive sólo lo que realmente nos interesa".
El escultor leonés se muestra más partidario de un arte público —que pueda ser contemplado por todos, capaz de transpasar fronteras—, que de un arte privado, entendido como objeto de consumo.
"El arte siempre es preguntarse. Si una persona se siente atraída por una forma, tanto como para necesitar tenerla en su casa, eso dice ya mucho de esa persona. Pero es que los escultores hemos pasado de representar la magia de las formas que necesitaba la gente para sobrevivir —ya desde las religiosas, desde siempre—, a hacer grifos de diseño para un cuarto de baño minimalista. Soy partidario de alejarme del arte de consumo".
Así, en el fondo él intenta "hacer una obra que pueda ser recogida por otra generación, que diga algo ahora, mañana y pasado mañana. No me gusta que los escultores caigan en lo fácil del momento".
Explica que el arte privado, el que compran los consumidores con alto nivel adquisitivo, le permite llevar a pequeña escala pequeñas ideas. Pero no se siente cómodo con el pequeño formato. Lo que de verdad le gusta es el reto, los grandes retos. "El gran formato digamos que se apodera de ti de una manera muy especial, te permite abrazarte a la forma… Por ejemplo el círculo de piedra de Stonehenge, ese lugar misterioso…. Si en lugar de tener ese tamaño fuera más reducido… No sé, creo que a veces necesitamos algo que no podemos abarcar, algo que no nos podemos explicar, para poder formar parte de la magia que tiene la obra".

(Aspecto de un rincón del taller de Amancio González, con algunos bocetos)

